viernes, 14 de mayo de 2010


Tumbada en la cama, sin mover ni un solo músculo, ni siquiera el de las pestañas. Y entre la oscuridad y el silencio solo puedo sentir las lágrimas que resvalan por mi nariz y la almohada. Otra vez el miedo a perderte, pero aunque repase una y otra vez la discursión, esta vez tú tienes la culpa.
Y me encantaría llamarte llorando como una loca y decirte mil barbaridades, pero entre el orguyo y el miedo prefiero quedarme en la oscuridad mirando el teléfono, esperando que cortes mi silencio, me llames, y me digas lo guapa que estaba esta noche.
Qué fácil es la vida y que difícil nos complicamos en hacerla, verdad?

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